jueves, 13 de octubre de 2016

Dígamos que cumplió cuatro años el exilio.

Treinta y dos años. Ninguna propiedad, ningún trabajo.

Dos empresas.

Dicen que faltaría hablar de los fracasos, a lo Beauvoir diría que también a mi me interesan los fracasos y las mujeres y los hombres ante las bajadas.

- El fracaso fue tan largo que duró alrededor de 2 años antes y después. Antes porque todo se gesta en proporciones lentas de la confianza. Después porque le siguió una serie de desapariciones con personas distintas.

Variadas. Aunque comunes entre ellas mismas.

Una crece para habitar lugares no muy distintos de lo que me hacía querer crecer de inmediato. Aunque también puede erigir sus nuevos reglamentos.

También hubo muchas naves. Diré que estos fueron los mejores recuerdos y los más agotadores, llenos de ruidos potentes, combustibles sucios, llenos de reglamentos y lustrosas apariencias.

Una nave guardaba un aeroplano aerostatico, como gusto ecléctico ante sus emporios que se desmoronaban como mazapanes en los sotanos sin estructuras.

También hubo mujeres soldando a mano. Hombres buenos y ficticios. Y mujeres llenas de odios secundarios. ¿Siempre habrá alguien mejor y peor? Siempre habrá alguien.

Ahora pienso que me equivoqué cuatro veces si le añado las voces. Pero tampoco esto es poético, ni natural, ni en otra lengua escrito. "

Tengo una hija. Por fin. Es neutral y llena de maldad del mundo.

::::

Partei escribió en distintas lenguas un montón de planas para recordar sus otros idiomas, como había entendido que sería y tenía que ser. Pero Partei olvidó todas las lenguas como si olvidará una conversación.

Ahora me interesan los fracasos, son quizas sólo unos viejos soles dispuestos a compartir todas sus trayectorias que fueron.


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